martes, 31 de diciembre de 2013

Revisando lo pasado

Estamos en el último día del año. Es periodo de revisión, de hacer memoria de donde estaban nuestras metas y donde están nuestros logros, de aprender de nuestros errores, de pedir perdón por tantas veces que no estuvimos a la altura, que miramos a otro lado, o simplemente que no fuimos conscientes de las necesidades de los demás. Es momento quizá de nostalgia por quienes perdimos, pero también de esperanza por quienes encontraremos. Pero sobre todo es momento de agradecer a Dios y a quienes nos quieren por tantos bienes recibidos. ¡Qué importante es el agradecimiento! Solo agradecemos cuando somos conscientes de las cosas estupendas que nos pasan todos los días, a veces tan ordinarias que las consideramos obvias (salud, familia, amigos, trabajo...). Solo cuando falten parece que las apreciaremos, pero como somos temporales, antes o después faltarán, y entonces también encontraremos alguna cosa por la que agradecer. Naturalmente hay personas que siempre andan quejándose de lo que no tienen, de los supuestos agravios que los demás les hacen; nunca se fijan en lo que reciben, porque tampoco son capaces de dar. Son personas infelices, insatisfechas, muchas veces amargadas y tantas veces amargan a quienes les rodean.
No son un tipo especial de personas: somos nosotros mismos. Cualquiera puede tener una visión optimista o pesimista de la vida: agradecer o quejarse. En las mismas circunstancias encontramos personas que tienen una y otra visión de la vida, y son ellos los primeros que la disfrutan o la sufren. El fin de año es un buen momento para cambiar el enfoque.
Me entretiene escuchar a los conferenciantes de TED, un conjunto de pensadores, de muy diversos campos, que extienden sus ideas innovadoras a través de conferencias breves, disponibles en la web. Escuchaba el otro día a uno de estos conferenciantes, que me llamó la atención por sus circunstancias, pues es un monje benedictino de origen francés. David Steind-Past. Vale la pena escuchar lo que dice sobre el agradecimiento y la felicidad. Con él te dejo. Muy Feliz Año Nuevo.

martes, 24 de diciembre de 2013

Alegrarse con todas las Navidades

Hoy celebramos los cristianos el nacimiento de Jesús, hoy de modo especial hay alegría en los hogares y en las ciudades, que se visten de fiesta para recordar el acontecimiento más importante de la Historia. Nos alegramos porque ha nacido un Niño que encarna a Dios, que une el Cielo y la Tierra en una sonrisa. Todos los nacimientos nos llenan de alegría, porque una nueva vida se alumbra al mundo.
Aunque sea un día de alegría, también la Nochebuena es un día de reflexión. Pensamos en el nacimiento de Jesús y en el de tantos niños que sufren una infancia desprotegida, que nacen en un ambiente hostil, quizá por guerras, por persecuciones, por falta de alimentos... También es hoy un día para recordar a millones de niñas y niños que no tienen ni siquiera la oportunidad de nacer. Un mundo que no admite a los niños es un mundo enfermo, que ha perdido las nociones más elementales. Una sociedad que estimula los derechos humanos, la solidaridad, la convivencia, no puede cerrar las puertas a quienes son más débiles, a quienes todavía no han tenido tiempo de sonreir. En estos días de Navidad precisamente se reaviva el debate sobre el aborto en nuestro país. Volvemos a los argumentos manidos que no explican casi nada: el derecho al propio cuerpo, a la libertad de elegir, la situación de otros países... La Biología es bastante clara: un feto no es un quiste, es un ser humano genéticamente distinto a su madre: un niño o niña que vivirá normalmente. Son muy pocos los casos extremos, con los que se pretende justificar el aborto. Muy pocos los casos de peligro para la madre, de malformaciones incurables...
Aquí, como en otros temas, se aplica con nitidez la llamada "pendiente resbaladiza". Se introducen casos extremos para justificar algo, se va admitiendo socialmente, se amplían esos casos, hasta acabar justificando lo que al inicio nos parecerían aberraciones. Seamos nítidos, si realmente un feto en gestación fuera un quiste, ¿por qué hay que regular el aborto? ¿Por qué no es completamente libre, como es quitarse un grano? En el fondo porque incluso los partidarios más nítidos del aborto saben que no es así, que hay en juego otros derechos. Y si es un ser humano en gestación... ¿qué razón hay para privarle de la vida? ¿Mantendríamos esas razones si hubiera ya nacido? Si es biológicamente tan humano como un niño recien nacido, ¿por qué admiten el aborto y no el infanticidio? Y si no ejecutamos a un violador, ¿por qué hemos de hacerlo con el resultado de su fechoría? A nadie se le puede imponer la maternidad: de acuerdo; pero hay otras vías para salvar la vida que ya existe. Ese es el punto nítido. El aborto no es un tema de derechas o de izquierdas, de creyentes o de ateos, de mujeres o de hombres; es simplemente un tema de vivos y muertos, y una sociedad avanzada, solidaria, generosa, respetuosa con la naturaleza, no puede admitir la muerte de nadie. No se trata de denunciar violentamente a quienes apoyan al aborto, sino de convencerles por la evidencia de la verdad y la belleza de la vida. En esa línea tenemos que seguir trabajando quienes amamos la vida.
Como me decía un médico inglés hace unos meses, nuestro objetivo no es conseguir que el aborto sea ilegal, sino que sea impensable.

domingo, 15 de diciembre de 2013

"Niveles" en la fraternidad

Sigo leyendo la exhortación apostólica del Papa Francisco. El tema central del texto es que los cristianos nos llenemos de un renovado entusiasmo en difundir el mensaje de Jesucristo, tan íntegro como seamos capaces de mostrarlo. Eso lleva no sólo a hablar más y mejor de ese mensaje, sino -sobre todo- a procurar en nuestra vida encarnarlo, lo más fielmente que podamos. Jesús dijo a sus discípulos en la Última cena: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros". Si ese es el mensaje central del cristianismo, para comunicar la alegría del Evangelio es imprescindible que a los cristianos se nos conozca precisamente por lo que Jesús nos pide: por que nos tengamos mutuo amor. La primera Iglesia entendió bien estas palabras, y ya Tertuliano indicaba que los paganos quedaban admirados por esa fraternidad "Mirad cómo se aman", exclamaban sorprendidos.
En la Evangelii Gaudium, el Papa Francisco dedica varias secciones a pedirnos a todos los católicos que enfrentemos nuestra actitud cotidiana, con ese Mandamiento nuevo de Jesús. ¿Cómo es nuestro trato con la gente que nos rodea, en la familia, en el trabajo, en las relaciones sociales de cualquier tipo?
Se me ocurre que podemos establecer varios niveles en ese mandato de la fraternidad cristiana. El más elemental, es la simple cortesía, que puede resumirse como una actitud amable, educada, que evita que nuestros actos o palabras (o incluso aspecto externo) sean molestos a los demás. Los campos de acción son muy variados y afectan, por ejemplo a nuestra manera de conducir, de comer, de trabajar, de hablar, de dejar hablar, de fumar o de hacer deporte. Esta sería la caridad mínima, la que al menos evita causar disgusto a los demás.
Con ser importante, para un cristiano sería una meta un tanto pobre si solo nos quedaramos ahí. Podemos ser muy corteses con los demás, y ser a la vez bastante egoistas. La educación es condición necesaria, pero no suficiente de la fraternidad cristiana, que va más allá, por ejemplo a interesarnos genuinamente por las personas que conviven por nosotros, por su salud, por sus alegrías o tristezas, por sus intereses profesionales, gustos o aficiones... Para eso hace falta escuchar con atención, mostrar empatía por los problemas ajenos, acompañar en la debilidad física o emocional, en pocas palabras, estar dispuestos a sacrificarnos por hacer la vida más amable a quien nos rodea. Esa es la condición de la nueva evangelización; nuestro propio cambio vital. La Fe se transmite por envidia, leí hace algún tiempo. Solo cuando se vive así, hacemos atractivo el mensaje de Jesús, porque le mostramos, con nuestras limitaciones, como El era en realidad.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Esperando la Navidad

Una amiga que vive actualmente en EE.UU. me ha enviado esta simpática imagen de Jesús poco antes de tener lugar la primera Navidad de la Historia. Los cristianos creemos en un Dios que es infinitamente poderoso, inmenso, sabio, bueno... pero no es un Dios lejano, que vive al margen de las preocupaciones de los seres humanos. Dios quiso ser como nosotros, quiso tanto a esas criaturas que había hecho a "su imagen y semejanza", que compartió con ellas hasta sus limitaciones, y por eso quiso nacer como cualquier niño, creciendo durante nueve meses en el seno de su madre, María de Nazareth.
Si uno lee las fábulas de la mitología griega, rápidamente observa que los dioses que inventamos los hombres son personajes humanos, con las mismas pasiones y locuras que los seres humanos, que son solo caricaturas de seres humanos, como nosotros, pero mucho más.
Qué poco se parece eso a la imagen de un Dios real, que viene al mundo sin espectáculo, en un pueblo perdido de una provincia perdida del Imperio Romano. Así ha querido nacer Jesús, para que lo tratemos con más cercanía. Así ha querido experimentar nuestra humana condición para, si puede hablarse así, "entendernos" mejor, porque todo lo humano lo experimentó Jesús: hasta la incomodidad de un pequeño vientre materno.
Estamos en tiempo de preparación para la Navidad. Esta es una imagen muy real de lo que esperamos. Es la imagen de todos los niños del mundo, a los que deberíamos acoger con el mismo cariño que acogemos a Jesús. Ojalá no se repita la historia de la primera Navidad, ojalá no haya reyezuelos que "quieran matar al niño",  y, como no pueden -porque no se puede matar a Dios- acaben haciéndolo con otros niños, que están como Jesús, esperando su navidad.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Comunicar la Alegría

Esta semana ha presentado el Papa Francisco su primer documento estrictamente suyo, ya que la encíclica Lumen Fidei la escribió "a la limón" con Benedicto XVI. El documento se llama "La Alegría del Evangelio" (disponible también en formato EPUB). No se puede empezar mejor un pontificado que como lo ha hecho el Papa Francisco: sonriendo y rezando. La imagen de su sonrisa da la vuelta al mundo todos los días: abraza a los enfermos, llama por teléfono a los abatidos, dialoga con quienes buscan la Fe perdida, ... pero sobre todo reza y sonríe, porque rezar y sonreir es parte de lo mismo: de reconocer que Dios está ahí, junto a nosotros, y que nada ni nadie, como dijo Jesús a sus discípulos, "..podrá arrancaros vuestra alegría". Me produce especial pesar escuchar a algunos sacerdotes u obispos quejarse del entorno, de las circunstancias, de las incomprensiones, del abandono de la Iglesia... porque no se están dando cuenta de que con ese tono no van a contribuir más que a seguir vaciándola. El Papa Francisco tiene muy claro que la esencia de ese abandono es el desconocimiento, una imagen distorsionada de Jesús y de su mensaje que corresponden poco con la realidad del Evangelio, por eso nos anima a entusiasmarnos con la Fe. Entusiasmarse es sinónimo de alegría, pero tiene también un significado más profundo, ya que significa literalmente llenarse de Dios (en-Theos). El entusiasmo, así entendido, no es una alegría hueca, fruto de un estímulo exterior que dura poco, sino que hunde sus raíces en algo más profundo, que es compatible incluso con la contradicción, con el fracaso, con la enfermedad, con todo eso que nos quita la alegría inmediata. Estar alegre es tener un sentido, saber porque hacemos las cosas, y saber que el fin último de las cosas no está solo en este mundo, que estamos llamados a una vida eterna, donde todas las piezas encajarán.


Como escribí en un libro sobre este tema (Entusiasmate): "El símbolo por antonomasia del cristianismo es la Cruz, que lejos de ser sólo un patíbulo se ha convertido en el trono desde el que Jesús nos recuerda el mayor testimonio posible de amor generoso. Quien dio su vida por nosotros está clavado en la Cruz, sufriendo, mostrándonos que el dolor, también el dolor del inocente, tiene un sentido profundo. Con ser imprescindible la imagen de Jesús en la cruz,  reducir su vida y su mensaje a ese supremo momento distorsionaría el resto de su vida terrena. Jesús no estuvo sufriendo permanentemente, también rió, cantó, trabajó, consoló, ayudó. En varios pasajes del Evangelio leemos cómo los discípulos dejan todo, inmediatamente, cuando Jesús se lo pide. Además de la Gracia propia del Hijo de Dios, ese seguimiento indiscutido indica que su figura también tenía un enorme atractivo humano: algo que ilusionaba y hacía a los hombres y mujeres que le seguían cambiar drásticamente su vida. Jesús arrastraba muchedumbres porque su palabra era poderosa, pero también porque su mensaje era atrayente, porque sus oyentes se entusiasmaban al oírle hablar, y así el “ven y sígueme”, se contestaba afirmativamente, sin titubeos, arrastrados por el amor que percibían en aquella figura cercana, sonriente, alegre. Podemos también imaginar a Jesús riendo, jugando con su madre o sus vecinos en la adolescencia, comentando los sucesos cotidianos con sus paisanos, escuchando e interesándose por todos. Ese también es Jesús Redentor, ahí también estaba salvando al género humano, porque todo lo que hizo, desde su nacimiento hasta su muerte en la cruz, nos devuelve la amistad con Dios, nos enseña cómo es Dios, porque Él es Dios. Los cristianos estamos llamados a vivir como Cristo, a imitar a Jesús, único modelo perfecto. “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”, y eso en todos los ambientes, en todas las circunstancias. La fatiga, el trabajo, la contrariedad, el dolor son cristianos, pero también la alegría, disfrutar de la Creación que Dios nos regala, del amor de las personas que nos quieren, de las cosas que nos agradan"

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Los cristianos somos culpables... de todo?

El pasado jueves organicé una jornada técnica sobre cuestiones de é
tica ambiental, en el marco de una cátedra que estoy organizando en mi universidad. Preguntabamos a los ponentes cuáles eran sus motivaciones filosóficas o teológicas, si tenían alguna, para trabajar activamente en la conservación de la naturaleza. La mayor parte manifestaron que no tenían un ideario filosófico muy definido, aunque se mostraban más cercanos al biocentrismo. En cuanto a las posibles motivaciones religiosas, la mayor parte afirmaban que había mucha variedad entre las personas de su organización, si bien varios se inclinaban por mostrarse más cercanos al budismo, y alguno criticó la visión cristiana. Al terminar la sesión, en los prolegómenos de la comida, continuamos la conversación, y uno se mostró especialmente crítico con la Iglesia católica, a la que  no sólo acusó de la crisis ecológica, sino también del atraso cultural y científico de nuestro país, además de otros aspectos que me llevaron a plantear con él un diálogo un poco más detallado sobre esas cuestiones.  La postura que esta persona mantenía era, en pocas palabras, una cadena de tópicos que parecen tomarse "por defecto" en cualquier persona con un mínimo de inquietudes intelectuales en nuestro país. Como es lógico, hemos de admitir que ha habido sombras en la historia del cristianismo, como en toda sociedad formada por personas con defectos, pero de ahí a la colección de generalidades que se manejan hay una distancia que espero algún día -quizá con una mejor formación en los colegios y universidades- tienda a reducirse.
En la legislación ambiental existen, en líneas generales, dos tipos de planteamientos, los que ponen la carga de la prueba en el supuesto contaminador o en quien lo denuncia. La diferencia entre ellas es muy relevante. Si quien pretende, por ejemplo, poner una industria potencialmente contaminante tiene que demostrar antes que su actividad es inocua, el esfuerzo añadido a la inversión puede ser muy considerable. Si, por el contrario, quien sospecha de que puede haber contaminación es quien tiene que demostrarlo, el esfuerzo y la inversión económica recae en la sociedad civil, con muchos menos recursos para afrontar esa defensa. Parece lógico que sea la industria que va a introducirse en una región quien demuestre que no tendrá impactos negativos, pero muchas legislaciones -sobre todo las que favorecen el "desarrollo" a toda costa- ponen en ellas la posición más ventajosa.
Pensaba en este ejemplo para referirme al diálogo que tan frecuentemente tengo que mantener con colegas y amigos del mundo universitario sobre el papel de la Iglesia en la Historia, y particularmente en la Historia de España: de entrada es culpable, de cualquier cosa, y somos los cristiano-católicos quienes tenemos que demostrar que no lo es. Aunque la Iglesia haya promovido y fundado la práctica totalidad de las universidades en nuestro país hasta el s. XIX, por defecto es contraria a la ciencia; aunque haya sido el principal mecenas del arte, y disponga del mejor patrimonio monumental, es contraria a la cultura; aunque tengamos una tradición mística inigualable, como me decía el colega al que antes citaba, ¡¡hasta somos contrarios a la meditación!! En fin, poco más le falto a mi interlocutor achacar a la Iglesia la crisis económica o la derrota del Atletico de Madrid en la final de la copa de Europa de 1974.
Curiosamente, estos intelectuales convencidos de la maldad de catolicismo "institucional" (muchos aprecian, o dicen apreciar, el Evangelio), nada dicen del impacto que ha podido tener la Iglesia sobre el carácter alegre y abierto de los españoles, que casi todo el mundo aprecia, sobre la fortaleza de la familia en nuestro país, sobre nuestro carácter solidario (primer país en donación de órganos, por ejemplo), o sobre otras muchas virtudes de nuestro pueblo. Parece que eso ha nacido por generación espontánea, o que tiene que ver con las calendas de julio o una confluencia astral fortuita. Pero no es así, está ciertamente ligada a nuestro catolicismo cultural, como prueba que esas virtudes estén debilitándose en las últimas décadas, precisamente por el abandono generalizado de esas raíces religiosas. No hace falta ser tan perspicaz para captarlo, basta olvidarse de los prejuicios, conocer la Historia, con mayúscula, y estar abierto a la realidad social contemporánea.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cristianos contra el nazismo


La Historia, con mayúscula, es más esquiva que la novela, más difícil de leer, tiene menor impacto popular, menor presencia en la opinión pública, pero tiene una ventaja que supera a todos sus inconvenientes: es verdadera. La novela o el teatro mezclan habitualmente historia real y ficción del autor, incluso cuando pretenden calificarse de históricos. El mayor o menor rigor a lo que realmente ocurrió no siempre es garantía de éxito: parece que a veces halaga más escuchar lo que quiere escucharse, que atenerse a los hechos históricos.
Esto es sin duda lo que ocurrió con la pieza teatral que dio lugar a la imagen colaboracionista de Pio XII con el regimen nazi. Una simple obra teatral estrenada en los años sesenta en Alemania, unida posteriormente a una película de mayor impacto internacional, han sido suficientes para echar encima del Papa Pacelli toda una leyenda negra, que poco tiene que ver con la realidad.

En último libro del historiador español, José Manuel García Pelegrín, que publica la editorial Digital Reasons, se pone en evidencia los enormes esfuerzos personales de Pio XII por salvar la vida a miles de judios que vivían en Roma. La neutralidad del Vaticano (que solo pudo conseguirse con un prudente silencio), permitió que casi 8000 judíos romanos escaparan de los campos de exterminio nazis. El silencio solo fue parcial, puesto que ya en su época de nuncio en Alemania, el entonces cardenal Pacelli había visto con enorme preocupación el ascenso del nazismo al poder y había alertado a Pio XI sobre sus posibles consecuencias nefastas.  De su pluma es la mayor parte de la enciclica Mit brennender Sorge (Con viva preocupación), publicada en 1937 por el todavía Papa Pio XI para denunciar los errores del nazismo. Allí se lee, por ejemplo: "Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta". Estas palabras se escribian cuatro años despues de la firma del polémico concordato de la Iglesia con el gobierno alemán, en un momento en el que no se tenía una evidencia tan clara del sustrato ideológico del nazismo (recuerdese que todas las democracias occidentales connivieron con el regimen nazi hasta el inicio de la Guerra mundial en 1939).
El libro de García Pelegrín incluye numerosa documentación de la resistencia cristiana, y particularmente de la Iglesia católica ante la barbarie nazi, que puede calificarse, con toda propiedad y como el propio autor recomienda, como un movimiento neopagano. Incluye numerosas citas sobre las relaciones entre el catolicismo y los movimientos de resistencia ideológica al nazismo, particularmente la conocida Rosa Blanca, en la que militaban destacados intelectuales católicos. Particularmente interesante son las homilias del obispo de Munster, que denunció las tropelías de las leyes nazistas sobre la eutanasia. También resulta de gran interés la historia de Franz Jägerstätter, quien decidió objetar al reclutamiento militar porque suponía apoyar al nacismo. Este campesino católico, que fue beatificado en 2007 por Benedicto XVI escribió en su diario, poco antes de ser arrestado y morir ejecutado en 1943. «Hoy en día se oye muchas veces decir que no se puede hacer nada ya, que si alguien dice algo, le castigan con la cárcel y la pena de muerte. Por supuesto que así no se puede cambiar el rumbo de la historia; pero a nuestros misioneros no les fue mejor muchas veces. En muchas ocasiones no obtuvieron otros resultados que la prisión y la muerte. Por supuesto que me doy cuenta de que hoy en día no sirven de nada muchas palabras. Se dice que las palabras instruyen, pero los ejemplos arrastran. Y aunque uno callara como un muro, podría hacer mucho bien; pues así se puede ver a cristianos que, aun hoy, en plena oscuridad, son capaces de alzarse con toda claridad, serenidad y seguridad, que en medio de tanta falta de paz y de alegría, con tanto egoísmo y odio se levantan con la más pura paz, alegría y ánimo de servicio. Que no son como una caña agitada por el viento"

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Por qué el bien resulta atractivo?



En ocasiones tendemos a exagerar los rasgos negativos de la sociedad contemporánea, sin apreciar las muchas cosas estupendas que nos brinda, particularmente en el orden material. La afluencia de bienes ciertamente ha ido paralela a una pérdida de relaciones humanas: las sociedades más avanzadas técnica y económicamente son muchas veces las más egoístas, las menos solidarias, pues parece que ponemos más confianza en esos bienes que en las personas que tenemos a nuestro alrededor.
Sin embargo, en el fondo todos estamos deseando que esos valores se propaguen, que la sociedad sea más justa, más generosa, más solidaria, más digna de lo mejor de la naturaleza humana. Por eso, a todos nos resultan admirables los ejemplos de las personas que muestran actitudes de generosidad, quizá heroica, con motivo de un desastre natural o de circunstancias extraordinarias, y repudiamos los comportamientos contrarios. Estos días me llegó el enlace a un anuncio que ha publicado en Youtube una compañía Tailandesa de comununicaciones. Muestra una historia sencilla, pero que a todos nos conmueve:

En el fondo, a todos nos resulta atractivo el bien y rechamos el mal, aunque en la práctica no siempre estemos dispuestos a actuar conforme a esos planteamientos, que consideramos ideales, pero nos faltan muchas veces coherencia para vivirlos.
No es trivial preguntarse por qué nos resulta atractivo el comportamiento bueno. El genial escritor C.S. Lewis dedica la primera parte de su obra "Mero Cristianismo", para muchos el mejor texto de teología natural del s. XX, a  reflexionar sobre esta realidad, concluyendo que esa tendencia innata al bien es parte de la estructural moral que Dios ha puesto en el ser humano, es en el fondo un argumento de gran peso antropológico para mostrar la comunidad de valores, que no parece razonable sea fruto de una coincidencia universal.

domingo, 3 de noviembre de 2013

¿Todo es relativo?


"Bueno, ése es tu punto de vista, pero yo tengo el mio, tan respetable como el tuyo". Se trata de una frase bastante común y que expresa, en principio, una actitud muy positiva, pues vivimos en un mundo con opiniones contrastadas y donde se respeta la diversidad de pensamiento. Estoy de acuerdo con esa postura siempre que no suponga una renuncia a la búsqueda de la verdad, algo que está erosionando muchos aspectos de nuestros valores sociales, al hacernos perder la brújula ética necesaria para una sociedad digna del ser humano. A estas alturas parece que abogar por la verdad es poco menos que equivalente a intolerancia y prepotencia, pero la verdad no debería de lujo inalcanzabla, sino más bien un prespuesto para la diálogo y el progreso. Pongamos un ejemplo sencillo, si dos personas sostienen puntos de vista contradictorios, por ejemplo uno afirmando y otro negando la recuperación económica podemos afirmar que los dos puedan pensarlo honestamente, pero no que los dos estén en la verdad, pues no puede ser a la vez una cosa verdadera y errónea.  O bien, estamos o bien no estamos recuperandonos económicamente, pero no las dos cosas, por muy respetable que sea la opinión de quien lo indica. Pongo este ejemplo de un tema que es bastante discutible, pero podría ponerlo de otros muchos aspectos donde la verdad se sustenta sobre cuestiones menos debatibles. Como dice un amigo, los datos no se discuten, se comprueban. No tiene sentido discutir sobre la población que tiene España: basta mirar en la página web del instituto nacional de estadística. Naturalmente de éste y de cualquier tema podríamos discutir: hasta qué punto está actualizado ese dato demográfico, por ejemplo, pero la base de partida es que si una afirmación es verdadera, su contrario no puede serlo. La discusión sobre la verdad de las cosas se ha tornado un tema crucial actualmente, pues generalmente se admite que sólo lo que es medible experimentalmente es sujeto a una cierta verdad, mientras el resto de los temas: económicos, filosóficos, teológicos, por ejemplo, serían terreno del puro relativismo (cada uno sostiene una postura, tan válida como su contraria). En el terreno jurídico y ético, esta postura ha dado lugar a una serie de desmanes sociales, pues el hombre ciertamente necesita referentes éticos. Cuando no los tiene, acaba reinando una confusión sobre la base del derecho y, en última instancia, sobre el fundamento del orden social. Ahora bien, si el derecho no se asienta en la verdad de las cosas, ¿dónde puede asentarse?  ¿Sobre las mayorías? En principio sí, pero no siempre la mayoría es acorde con la verdad de las cosas, como la experiencia histórica de la alemania nazi nos recuerda. A este triste pasado se refería Benedicto XVI en su discurso ante el parlamento alemán en el 2011: "La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz (...) “Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín. Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político".
Por tanto es preciso ir más allá, admitiendo, en primer lugar, que el relativismo no es una respuesta final a los problemas. Todas las posturas son respetables, pero algunas son verdaderas y otras no: encontrar éstas puede ser tarea árdua, pero no imposible, no podemos renunciar a la existencia de la verdad, o de lo contrario solo tendremos acuerdos cambiantes e inestables.

Te recomiendo la lectura del último libro del Prof. Diego Poole, titulado precisamente "Relativismo y Tolerancia". Está disponible en la editorial Digital Reasons. Revisa la fundamentación ética y jurídica del respeto a la verdad y las falacias del relativismo y su impacto en el orden jurídico.

domingo, 27 de octubre de 2013

La sonrisa del candidato



Estoy ahora en Santiago de Chile, una ciudad y un país que me resultan especialmente cercanos y entrañables. El tiempo acompaña el plácido paseo por la urbe, en una primavera especialmente luminosa. Santiago tiene el dinamismo que caracteriza este país, que ha pasado de lugar apartado a urbe cosmopolita, donde aterriza todo lo nuevo.
En estos días se prepara la ciudad y el país para unas elecciones presidenciales. Basta salir a la calle para darse cuenta del hecho, pues miles de carteles con las fotos de los candidatos rellenan toda avenida de cierta importancia. Paseando ayer por una calle menor, contemplaba la figura sonriente, siempre sonriente, de estos candidatos. No sé exactamente cuáles eran sus ideas políticas, cuáles las diferencias entre ellos, pues los lemas electorales son tan genéricos que no es posible clasificarlos. Había una cosa común a todos ellos: sonreían, nos ofrecían su mejor imagen de persona feliz que va a procurar la felicidad de quien le vote. Caras jóvenes o maduras, ropa generalmente informal, aunque de buena marca, todos sonríen, seguramente por imperativo del guión, pues en varias ocasiones parecía una sonrisa demasiado forzada. No conozco el sistema electoral chileno, pero se muestra cómo los candidatos “mayores”, los que aspiran a la Presidencia, arropan con su sonrisa, acompañan con su presencia a los que optan a puestos de menor trascendencia: senado, congreso, parlamentos regionales. Todos sonríen. Parece que sólo se puede ser político si se es feliz, mejor dicho si se da imagen de felicidad; no hay problemas, todo va bien, aquí estamos nosotros para solucionarlo.
Parece no importar si el candidato es eficiente, si es honesto, si es inteligente, si procura el bien de los demás. Lo más destacado es que sea feliz, que lo parezca al menos. La política es demasiado ambicionada para no ser sospechosa. Los líderes tienen demasiado interés en serlo para que se lo reconozcamos. Un líder lo es naturalmente, porque es como es. Elegir al mejor solo es posible cuando se conoce a las personas, en entornos pequeños. En elecciones anónimas, parece que la imagen (la sonrisa) para más que las virtudes de los candidatos. La democracia es el mejor sistema político que conocemos, pero tiene vicios, no podemos aceptarlo sin críticas. Están jugando con nuestro dinero, con nuestros problemas, con nuestras esperanzas.
Viendo una campaña electoral me vienen a la cabeza las sabias palabras de Benedicto XVI en la encíclia Caritas in veritate: "El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral" (n. 71).

domingo, 20 de octubre de 2013

¿Dónde está Asia Bibi?

Era un domingo del mes de junio del año 2009. Asia Bibi se levantó pronto mientras su marido y sus hijos todavía dormían. Fue a un campo cercano a participar en la cosecha de bayas, pues su modesta economía doméstica requería de cualquier ayuda. En su pequeño pueblo, situado en el centro de Pakistán, el día era muy caluroso. Tras varias horas trabajando bajo un intenso sol, decidió ir a beber agua al pozo cercano. Otras mujeres que también trabajaban en la cosecha lo vieron. Una de ellas gritó contra ella: había contaminado el agua, porque Asia Bibi es cristiana y no puede beber donde lo hacen los musulmanes. El revuelo consiguiente llevó a que muchas mujeres se congregaran en torno a ella y comenzarán a atacar su condición de cristiana. Ella osó defenderse y comparar a Jesús con Mahoma sobre esa cuestión. La respuesta fue una colección de insultos y una paliza improvisada. Luego la denuncia por blasfemia, un delito que en Pakistán se paga con la muerte. Desde entonces, Asia Bibi está en la cárcel, tras un simulacro de juicio en donde se la declaró culpable de la pena capital. Espera la ejecución de su condena o la concesión del indulto. La ofrecieron convertirse al Islam, pero ella se ha negado, manteniendo su fidelidad a la fe en Jesús, en la que fue criada. Lleva cuatro años encerrada en una oscura y fría prisión, aislada de otras presas, por temor a que alguna quiera cobrar el alto precio que un mulá ha puesto a su cabeza (suficiente para comprarse una casa en ese país). No puede ver a sus cinco hijos. Pocas veces a su marido, su principal apoyo. Asia Bibi es una mujer sencilla de un pueblo sencillo, que no sabe leer ni escribir, pero que está convencida de los valores que guían su vida: que ama a su familia, que ama a Dios, tanto que no entiende como en su nombre la gente puede desplegar tanto odio. Una mujer sencilla que suscitó el interés internacional porque pone rostro a una legislación inaudita: injuriar a Allah o a Mahoma, despreciar al Corán, puede conducirte a la muerte. Basta que varios testigos lo confirmen; es su palabra contra la de otros que pueden fácilmente utilizar esa ley para saldar rencores personales.
Asia Bibi ha recibido muchos testimonios de apoyo internacional, que no han sido todavía suficientes para liberarla de la cárcela, para permitirla abrazar a su marido y a sus cinco hijos. El gobernador musulmán de su provincia, Salman Taseer, fue asesinado en diciembre de 2010 por apoyarla: un soldado de su escolta le disparó. Tuvo tratamiento de héroe por buena parte de los clérigos que alientan el creciente radicalismo islámico del país. Poco tiempo después, en marzo de 2011, Shahbaz Bhatti, el único ministro cristiano del gobierno pakistaní, fue también asesinado, en una emboscada a la salida de su casa en Islamabad. Ambos asesinatos fueron reivindicados por una organización talibán.
Bhatti había denunciado en múltiples ocasiones la ley de la Blasfemia en su país y había dado apoyo público a Asia Bibi. Había sido amenazado numerosas veces por su apoyo a las minorías religiosas. Poco antes de morir dejó grabado: "Creo en Jesucristo, que dio su vida por nosotros, y estoy listo para morir por esta causa. Vivo para mi comunidad y moriré si es preciso para defender sus derechos". Desde sus muertes han pasado más de dos años, cuatro desde que Asia Bibi ingresó en la cárcel. Ni las peticiones de Benedicto XVI, ni de otros líderes mundiales, han servido para liberar a esta mujer sencilla, que sólo quiere vivir tranquila con su familia, siendo fiel a su Fe. No olvidemos a estos cristianos que en tantos países sufren discriminación, desprecio o ponen en peligro sus vidas simplemente por ser fieles a sus convicciones. Los medios de comunicación occidentales se olvidan de ellos; parece que no interesa su testimonio, en una sociedad que parece también olvidarse del cristianismo. No podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos de tantos países, al menos hagamosles presentes en nuestras oraciones y sigamos difundiendo su sufrimiento, para que algún día puedan vivir su Fe libremente.

(puedes también contribuir a su liberación mediante la campaña que se está promoviendo para pedir el indulto al presidente de Pakistán)

domingo, 13 de octubre de 2013

Esperando al Nobel...



Uno de mis doctorandos, belga, me comentó hace unos días con gran satisfacción la concesión del premio Nobel de Física de este año a uno de sus compatriotas, François Englert, proponente junto a Higgs de la famosa partícula que finalmente se nombró con el apellido del científico escocés. Me alegró la alegría de mi amigo, y su razonable orgullo por que otra persona más en su país haya conseguido tan alta distinción científica. He revisado estos días la distribución por países de los 853 premios Nobel que han sido concedidos hasta el momento. Si nos centramos únicamente en los de Ciencias (Física, Química, Medicina) y Economía, que de alguna manera son consecuencia del nivel académico e investigador de los países donde trabajan los candidatos premiados, la posición de España resulta realmente lamentable, ya que sólo contamos entre nuestros compatriotas con un premio Nobel, Ramón y Cajal, nada más y nada menos que en 1906. Severo Ochoa, premiado en 1959, también en Medicina, sólo podemos considerarlo como español por el origen, puesto que su trayectoria investigadora se realizó mayoritariamente en EE.UU., donde emigró en 1942. ¿A qué se debe esta carencia de talentos científicos? Uno puede aludir a cuestiones de desarrollo económico, pero se enfrentará con el hecho de que países de menor desarrollo que el nuestro cuentan con recientes galardonados, como México (Mario Molina, Química, 1995), Corea del Sur (Pedersen, Química, 1987) o Polonia (Hurwicz, Economia, 2007; Charpak, Física, 1992). Si atenemos a tamaño de los países y nivel de actividad económica, las comparaciones con Holanda, Austria, Suecia o Bélgica resultan sonrojecedoras. Otro caso, el de Noruega, que con apenas 5 millones de habitantes, cuenta con 6 premios Nobel desde 1968 hasta ahora (2 en Química, 3 en Economía y 1 en Física). Si se trata de entorno cultural, podemos compararnos con Italia, que tiene 7 premios Nobel desde 1969 (4 de Medicina, 2 de Física y 1 de Economía).
En suma, ¿por qué no tenemos investigadores de primer nivel? A mi modo de ver, porque fallamos por la base. Para tener deportistas de élite hace falta que haya una buena educación física, que haya interés en la población por esos temas y que los padres consideren muy relevante que sus hijos se dediquen al deporte. Por supuesto, son necesarias además infraestructuras para practicarlo y soporte económico para que las personas más capaces tengan ingresos que les permitan mantenerse. Soy consciente de que en nuestro país eso se aplica, casi en exclusiva, al fútbol, y en particular al fútbol profesional de primera y segunda división. El resto de los deportes tienen realmente un rendimiento mayor que la inversión.
Si aplicamos todo ese símil a la Ciencia, a la innovación y al desarrollo, entendemos qué está pasando en España. Cuando ningún gobierno se toma en serio la educación de base, cuando no hay una reforma a fondo de la Universidad, cuando la inversión en I+D es cosmética, poco o nada articulada con la industria, cuando no hay incentivos reales para que nuestros mayores talentos trabajen en nuestro país, cuando el reconocimiento social es tan mediocre, no podemos extrañarnos de los resultados. Si gastarse 90 millones de euros en un futbolista es rentable en nuestro país, y no lo es contratar a un premio Nobel por una fracción de esa cantidad, algo debemos reflexionar. No se trata de una cuestión de "orgullo patrio", sino de aprovechar mejor nuestro ingenio, volcandolo además en beneficio de la sociedad,  que pase de la "cultura del pelotazo", de la que todavía vivimos sus secuelas, a un nuevo modelo económico, basado en el esfuerzo, la dedicación, el talento, y la inventiva.

sábado, 5 de octubre de 2013

La virginidad de la Virgen (II)

Dediqué mi última entrada a dar argumentos escriturísticos que muestran como la interpretación correcta de la Sagrada Escritura avala que podamos llamar Virgen a la Madre de Jesús, que no contradice algunos párrafos donde una interpretación literal -particularmente cuando se desconoce la lengua en que está escrito el texto original- podría llevar a equívocos. Por esa razón, parece razonale acudir a la opinión de quienes interpretaron los textos de la Sagrada Escritura en fecha muy cercana a cuando fueron escritos. El criterio protestante de "sola Escritura" ha sido positivo para valorar la importancia de la Biblia como fundamento de la Fe, pero ha tenido el efecto muy negativo de abrir paso a múltiples interpretaciones del mismo texto, obviando la Tradición (cómo lo interpretaron los antiguos cristianos) o el Magisterio de la Iglesia (la autoridad moral para hacerlo). Esto aplica a muchos temas controvertidos desde la Reforma protestante, como la presencia real de Jesús en la Eucaristía, el significado del sacerdocio y de otros sacramentos, las relaciones entre la Fe y las obras, etc., y es la responsable -en última instancia- de la enorme cantidad de divisiones en el seno del protestantismo (unas 12.000 iglesias cristianas, la mayor parte creadas después de Lutero).
En el caso que hoy nos ocupa, indicabamos en la última entrada que la expresión hermanos de Jesús  que aparece en varios pasajes de la Biblia, no contradice que María no tuviera otros hijos, puesto que es razonable entenderlo como parientes cercanos, ya sea hijos de un matrimonio previo de San José, o hijos de algún hermano de José o de María. La primera interpretación es la que le da la Iglesia ortodoxa y la mayor parte de las iglesias orientales, que son firmes partidarias de la Virginidad perpetua de María; la segunda es más común entre la Iglesia católica y parte de la anglicana. Conviene resaltar que entre los escritores antiguos de reconocida autoridad, sólo Tertuliano es partidario de interpertar literalmente la expresión "hermanos de Jesús", y lo hizo en el marco de sus disputas sobre la realidad de la Encarnación (esto es, para mostrar, que Jesús era hombre verdadero, pues tenía también hermanos). Conviene recordar que Tertuliano acabó sus días siguiendo una secta rigorista (los montanistas), y por tanto fuera de la comunión de la Iglesia. Entre los Padres de la Iglesia y escritores cristianos más antiguos, es prácticamente unánime la interpretación de que los hermanos de Jesús son parientes o hermanos de padre, y que, por tanto, María puede considerarse con propiedad como siempre Virgen. Este es el caso de San Ignacio de Antioquía y Orígenes (ambos del s. II), de Eusebio de Cesarea, San Atanasio, San Efrén y un largo etcétera  (hay numerosas citas de estos autores en este magnífico blog).
Resulta muy sintomático que San Jerónimo, a quien debemos la traducción latina de la Sagrada Escritura, quien conocía perfectamente las lenguas originales (vivió en Palestina numerosos años), es completamente partidario de la virginidad de María, y defiende que la interpretación del término hermanos (que el mismo utiliza en la Vulgata) es el de primos.
Cuando interpetamos lo que quería decir Sócrates, parece razonable que estudiemos lo que de él decía Platón, que era su discípulo directo. Cuando queremos saber lo que significa determinado pasaje de la Biblia, también parece razonable preguntar a quien lo leyó en su idioma original o a quien lo escuchó por tradición oral directa. Ellos indudablemente tienen más probabilidad de interpretarlo correctamente que cualquier exégeta o lider religioso de los siglos XVII a XXI. No solo es cuestión de fe, sino más bien de sentido común.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La virginidad de la Virgen María (I)

Estoy leyendo estos días un libro escribo por Elizabeth Abbot sobre la historia del celibato, que es un tema que me resulta de especial interés. Este libro me está decepcionando bastante, aunque aún me queda casi la mitad por leer, pues el análisis que hace del fenómeno del celibato, particularmente en su relación con el cristianismo, está plagado de inexactitudes históricas e interpretaciones que me parecen, cuando menos, retorcidas.
Uno de los capítulos lo dedica a María, la madre de Jesús, a quien la mayor parte de los cristianos también llamamos la Virgen María. De acuerdo a la autora, la Iglesia habría distorsionado la imagen real de María, convirtiéndola de una madre normal en un icono de la virginidad, en flagrante contradicción con lo que de ella nos narra la Sagrada Escritura. Al igual que hice hace algunos meses con el Bautismo de los niños, voy a dedicar dos entradas de este blog a demostrar que esta acusación es fruto de una visión muy simplificada de las cosas. Por un lado, hoy me propongo mostrar que la interpretación de la Biblia es perfectamente compatible con la virginidad de María, dejando para la semana próxima lo que nos dicen los escritores cristianos más antiguos al respecto, que ha sido confirmado posteriormente en los escritos del Magisterio de la Iglesia.
Como cristiana protestante, la autora de este libro asume que la Biblia solo puede interpretarse desde la literalidad, lo cual ha llevado a muchas interpretaciones claramente erróneas de los textos sagrados (la de la antiguedad del universo, por ejemplo), particularmente cuando no se conoce la lengua en que esos textos fueron originalmente escritos. Veamos qué nos dicen los Evangelios sobre María (utilizo la traducción de la Biblia de Jerusalén).
En primer lugar, haré referencia a la virginidad de María antes de que naciera Jesús.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Resistencia civil al fútbol

A mediados del s. XIX, Henri David Thoreau, se niega a pagar impuestos en EE.UU. por su desacuerdo con la guerra con México y la pervivencia de la esclavitud, siendo encarcelado por ello. Se inicia así una línea de pensamiento y actuación que conocemos como desobediencia civil, y que supone en última instancia   una postura ética de resistencia activa ante situaciones injustas. Las ideas de Thoreau tuvieron luego gran trascendencia en otros movimientos pacifistas, como el que lideró Gandhi y dio lugar a la independencia de la India. Cuando hay leyes o situaciones objetivamente injustas, no podemos mirar a otro lado, convencernos que no podemos hacer nada al respecto y seguir haciendo exactamente lo mismo. Naturalmente, el grado de compromiso variará con la gravedad de las implicaciones que esas disposiciones tengan.

Me venían estas ideas a la cabeza con un tema que aparentemente tiene poca importancia pero que a mi juicio también puede enmarcarse en este contexto de resistencia civil. Muchas personas se han escandalizado este verano con los fichajes que los clubes más pudientes de fútbol tienen el lujo de permitirse, incluso en una situación económica tan delicada como la que actualmente vivimos. Se dice que es una decisión de una entidad privada sobre la que no puede regularse; se dice también que esas cifras de contratación, por lo demás absolutamente estrafalarias, resultan inversiones rentables. No les falta razón en ambos casos, pero precisamente por eso los demás ciudadanos debemos hacer algo al respecto. Si resulta rentable que un club de fútbol en España se gaste mas de 90 millones de euros (unos 15.000 millones de pesetas!!) en contratar a un señor que le pega patadas a una pelota, hay que preguntarse por qué. ¿Qué ha descubierto ese jugador: alguna vacuna que salvará muchas vidas humanas, quizá una nueva fuente de energía, tal vez una teoría filosófica que nos hará más felices? Basta echarle una ojeada a los mensajes que incluyen en sus Twitters los jugadores estrella, o los cantantes estrella, o los actores estrella para darse cuenta de que aportan muy poco a la humanidad: sólo entretienen; no resuelven ningún problema, sólo hacen olvidarlos (momentáneamente).  ¿Se imaginan que nuestro país hubiera fichado tres premios Nobel, de medicina, o economía, o física? ¿Cuánto nos hubiera costado? ¿Cuál sería su "ficha" anual? 
-Pero, claro eso no es rentable, porque no le interesa a nadie lo que hace un premio Nobel, podríamos decir. 
-Ese es precisamente el problema: si un jugador de fútbol es rentable es porque hay millones de personas dispuestas a gastarse dinero en sus camisetas, a pagar por verle en la televisión, o incluso a leer sus anodinos mensajes en las redes sociales. 

-¿Debemos resignarnos entonces a que el país se gaste fortunas en trivialidades?
Se me ocurre una idea, muy sencilla pero a la larga muy efectiva: dejemos de ver el fútbol, en la televisión, en los campos; dejemos de leer periódicos deportivos; apaguemos el telediario cuando se inicia la sección de fútbol (mal llamada de deportes, pues es ridícula la proporción con otros deportes). La única forma de parar una locura es hacer otra: cortar con nuestra dependencia de algo que solo aporta diversión, pero supone un ingente gasto inútil, o al menos forcemos a que ese gasto se equilibre con otros que son imprescindibles: alimento, educación, salud, ciencia, innovación.. también deporte, el de cada uno. 

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Custodios o verdugos?

El Papa Francisco vista de blanco, todos los Papas lo hacen, lo han hecho desde hace muchos siglos. Identificamos el blanco como un color de paz. Los Papas de los últimos siglos han sido especialmente promotores de la paz. Benedicto XV clamó contra la guerra, Pio XII puso todos los medios a su alcance para que acabara (su escudo episcopal era una paloma con un ramo de olivo), Juan Pablo II evitó la guerra entre Chile y Argentina en diciembre de 1978, y habló muy claramente contra la guerra de Irak, y Benedicto XVI ha hablado en repetidas ocasiones de la paz entre las naciones. En esa tradición se sitúa el Papa Francisco, que ha hablado con toda claridad sobre la paz en Siria. Recomiendo vivamente que leais la homilia que pronunció con motivo del día que había convocado de ayuno y oración por esa intención.
La guerra resuelve muy poco; la violencia en general resuelve muy poco. Crea más problemas que soluciones. Son muy pocas las guerras verdaderamente justas, siempre hay otras motivaciones menos nobles, siempre intentan darse razones que no lo son. El recurso a la fuerza es solo un recurso para quien sabe que sus razones no convencen o no sabe exponerlas. En el fondo, la guerra es una manifestación de lo peor que habita en el espíritu humano, sobre todo cuando perdemos de vista que somos criaturas, hijos de un mismo Padre: "Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento".
El Papa comenta uno de los primeros capítulos de la historia violenta de la especia humana, la que describe el asesinato de Abel, a manos de su propio hermano. Nos narra el capítulo 4 del Génesis que Caín sintió envidia de la prosperidad de su hermano, hasta el punto que llegó a odiarlo y acabar con su vida. Dios le pide cuentas de una manera delicada: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y  Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?». Esta contestación la damos ahora muy a menudo, cuando justificamos nuestra indiferencia en un supuesto respeto a la libertad de los demás: "no es mi problema", no tengo por qué cuidar de los otros, de mi familia, de mis amigos, de los compañeros de trabajo... cada uno es libre de hacer lo que quiera. Ciertamente, ¿pero no será en el fondo una excusa de nuestro egoísmo?
El Papa Francisco continúa: " Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros".
Guardián significa en nuestro idioma quien vigila (policia), pero también quien cuida, quien se preocupa, quién está disponible para los demás. Siendo miembros de la misma especia, siendo hermanos, hijos de Dios, todos somos guardianes, custodios de los demás, no el sentido de controlar sus decisiones, de dirigirlas, sino de sentirnos comprometidos con su bien, de superar nuestro egoísmo, nuestro propio interés, para crear una sociedad más solidaria. Por el contrario, cuando los demás se ven como instrumentos para nuestro propio interés, se rompe la armonía y, como sigue diciendo el Papa Francisco, "... el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia! Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas. No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín. ¡Todos nosotros! Y también hoy prolongamos esta historia de enfrentamiento entre hermanos, también hoy levantamos la mano contra quien es nuestro hermano".
La paz no es solo tarea de diplomáticos, nos afecta a todos, a la manera en que contemplamos a los demás, a la forma en que intentamos resolver los problemas, a cómo superamos los distintos puntos de vista, las situaciones conflictivas. Ojalá nuestra oración permita parar la guerra de Siria, ojalá nuestra actitud cambie la guerra en tantos países, los conflictos en tantos lugares de trabajo, en tantos hogares.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Un amigo es un tesoro

Hay libros que entretienen, otros que enseñan, otros que hacen pensar y otros que marcan de tal forma que nos hacen cambiar. Hablo, naturalmente, de los buenos libros; los otros prefiero no calificarlos. Cualquier buen libro aporta mucho, pero hay algunos que no sólo nos hacen pasar buenos momentos, no sólo nos ilustran sobre aspectos de la vida que no conocemos bien o sobre experiencias que no alcanzamos a comprender, sino que nos impactan de tal manera que nos animan a un cambio de rumbo, aunque sea pequeño, en nuestros valores o nuestro comportamiento. Claro está que esto es muy personal, a cada uno le impactan unos escritos, pero también podemos afirmar que hay libros universales, que a todos de alguna manera nos "sacuden" de nuestra modorra interior y nos hacen ilusionarnos con la idea de ser mejores. Me parece que uno de esos libros es el "pequeño principe" (el Principito, como lo hemos traducido en las versiones más conocidas en España), una obra maestra del aviador y escrito francés Antoine De Saint - Exupéry, desaparecido en un misión de reconocimiento durante la segunda guerra mundial. El Principito es uno de esos libros que ofrece mucho más de lo que sugiere a primera vista. Está lleno de analogías, de sugerentes imágenes, de contrastes que nos permiten reflexionar sobre valores quizá desvaídos en nuestra vida.
Hoy quería comentar algo sobre reflexiones que el Principito nos propone sobre la amistad, uno de los más profundos sentimientos del ser humano. Me parece que uno de los síntomas de la crisis de valores que vivimos en Occidente es la pérdida del sentido de la amistad, que siempre es amor gratuito, amor generoso. La palabra amigo desgraciadamente hoy se manosea con su recurrente uso en las redes sociales. Se dice sarcásticamente que "eres más falso que un amigo en Facebook". Lástima que las redes utilicen esa palabra para referirse a una relación humana que emulan de manera enormemente superficial. Como es lógico, nadie puede tener 300 ó 400 amigos. Lo que las redes sociales refieren como amigos son sólo personas que, con más o menos cercanía, tienen algún interés en lo que decimos o hacemos. Muy lejos está eso de lo que es realmente un amigo: alguien que siempre está ahí para escucharnos, para ayudarnos, alguien con quien queremos compartir momentos de alegría o tristeza. La amistad requiere tiempo, dedicación, tiene que ser bidireccional: no podemos tener amigos sólo para servirnos de ellos.
Me parece que los pasajes que el Principito dedica a diálogar con el zorro son una magnífica alegoría de lo que es la amistad. El zorro pretende convencerle que le domestique, para que ese niño desconocido pase a ser alguien con significado, alguien a quien ama y por quien es amado. No será ya un niño más, sino su amo, su amigo. Eso requiere un entrenamiento, una repetición de encuentros que fragüe una relación humana. "Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios". Los ritos, los tiempos, la dedicación. La intimidad require cultivar la amistad. Naturalmente no estoy hablando de nada sensual; el amor de amistad no requiere intercambio corporal: sólo es genuino cuando es espiritual, aunque se base también en favores materiales. La amistad no es el noviazgo, no es el amor esponsal, naturalmente no el amor genital. Todos necesitamos amigos, somos seres sociales y necesitamos expandir nuestro interior con alguien que nos conozca, que nos oriente o simplemente que sepa estar junto a nosotros en los momentos necesarios. Pero el ajetreo cotidiano, las largas distancias, la comunicación incomunicada de las nuevas tecnologías, nuestro creciente materialismo, pueden hacernos perder uno de los mayores tesoros: la amistad, y quien no tiene amigos, me parece que ha perdido buena parte de su vida, aunque aparentemente triunfe. Como dice el zorro al Principito, "Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo,  domestícame!"