domingo, 28 de abril de 2013

Salir de la burbuja


En mi reciente viaje a Argentina, un buen amigo me regaló un libro que recoge algunas entrevistas con el entonces cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, realizadas por dos periodistas argentinos. Me recordaba con agradecimiento un libro que le regalé hace un par de años, Entusiásmate, en donde pretendí mostrar la alegría que lleva consigo la Fe. Me hico mucha ilusión la nota que me entregó con el libro: "a través de él pude renovar el entusiasmo y la alegría de ser cristiano e hijo de Dios", pues creo que la satisfacción más profunda de un escritor es sentirse acompañado en el itinerario que uno mismo recorre al escribir un libro. Como dice una película sobre la vida de C.S. Lewis, al final y al cabo leemos -y, añado yo también, escribimos- para no sentirnos solos.
El libro que me regaló mi amigo no tiene desperdicio, y espero comentarlo con más detalle en otras ocasiones. Recoge una serie de conversaciones que mantuvieron Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti con el entonces arzobispo de Buenos Aires en 2008 y 2009. Creo que este Papa va a dar muchos titulares, pues desde luego su hondura espiritual y sus modos de hacer son todo menos convencionales.
Quiero ahora deternerme en sus reflexiones sobre la fecundidad apostólica de la Iglesia. Mucho se habla de la pérdida de vitalidad entre los católicos, las defecciones de muchos fieles, educados en la fe y que ahora viven en la indiferencia, o quizá se han dirigido a otras confesiones reliogiosas en las que parecen encontrar mejor respuesta a sus inquietudes espirituales. La Iglesia no puede achacar la responsabilidad solo al entorno, al hedonismo reinante o a la presión de legislaciones más o menos laicistas. Eso sería mirar a otro lado. La Iglesia, tanto los clérigos, como los laicos, comenta el entonces cardenal Bergoglio, tenemos que "arremangarnos" y salir a la calle a explicar quién es Jesucristo, qué aporta a nuestra vida, a las personas que quizá no hayan nunca oído hablar de él o lo han hecho de modo distorsionado. Cito textualmente: "Es clave que los católicos salgamos al encuentro de la gente. Una vez me decía un sacerdote muy sabio que estamos frente a una situación totalmente opuesta a la que plantea la parábola del buen pastor, que tenía noventa y nueve ovejas en el corral y fue a buscar a la que se perdió; tenemos una en el corral y noventa y nueve que no vamos a buscar. Creo sinceramente que la opción básica de la Iglesia no es disminuir o quitar prescipciones o hacer más fácil esto o lo otro, sino salir a la calle a buscar a la gente, conocer las personas por su nombre".
Me parece que se puede decir más alto, pero no más claro. Pensemos sobre ello; nosotros también somos parte de la Iglesia.

lunes, 22 de abril de 2013

Opinar solo es para algunos

Los líderes del grupo ecologista XX recriminan al partido YY, a la sazón en el gobierno, por no cumplir con su programa electoral, cerrando las centrales nucleares más antiguas. A todo el mundo sensato esto le parece razonable, independientemente de que a uno le guste o no que se cierren las centrales nucleares, pues demuestra la libertad que todo colectivo tiene de manifestar sus propias convicciones. Además, casi todo el mundo está de acuerdo en que se trata de un asunto muy serio, en el que estén en juego potenciales riesgos para la vida humana.
Ahora cambiemos grupo ecologista por Iglesia católica, líderes por obispos y cierre de las nucleares por reforma de la ley del aborto que, saltándose cualquier protección jurídica del niño no nacido, promulgó el anterior gobierno. También se trata de mostrar las propias convicciones, y de un asunto potencialmente muy serio para la vida humana (de hecho se están perdiendo casi 100.000 al año en nuestro país). Sin embargo, en este caso, no; parece que muchos no pueden admitir una expresión tan obvia de opiniones que no compartan.
Me vino esto a la mente al leer el sábado el periódico donde se vertían toda clase de improperios contra los obispos que, simple y llanamente, vuelven a expresar sus convicciones en defensa de la vida de cualquier niño concebido, y urjan al gobierno a que cambie una ley que el partido que ahora gobierna dijo que cambiaría si llegaba al gobierno. Lindezas del tipo de "chantaje", "volver a la caverna" y otras frases hechas, basadas en el eslogan más que en el razonamiento, salpicaban la sesuda contestación de los políticos que ampararon la reforma anterior del aborto. No se trata ahora de decir si estamos a favor o en contra del aborto (obviamente yo estoy en contra mientras alguien no me demuestre que un feto es un quiste y no un ser humano), sino simplemente de admitir que cualquier persona que piensa de forma distinta, incluso si es obispo, pueda manifestarlo en público con toda normalidad. Parece que no es pedir mucho, pero también parece que algunos representantes de la izquierda se empeñan en negar la palabra a los líderes religiosos, bajo la sospecha de que cualquier cosa que sugieran atenta contra la laicidad del Estado. ¿Sugieren entonces que los expulsemos, como ya se hizo en el s. XVIII con los jesuítas? Esto es lo que yo llamaría una política de progreso, basada en un
a admiración inconfesable por los siglos pasados!!

viernes, 19 de abril de 2013

Nuestra relación con Naturaleza: ¿admirar o transformar?

Estoy estos días en las inmediaciones de dos rasgos geográficos verdaderamente admirables, pero en cierto sentido contradictorios. Dos portentos que se relacionan con el agua: la segunda presa más grande del mundo, Itaipú, en la frontera entre Brasil y Paraguay, y las cataratas del Iguazú, en la frontera entre Brasil y Argentina. Ambas mueven una enorme cantidad de recursos económicos: una al generar una inmensa cantidad de energía (el equivalente a 15 centrales nucleares), y otra por el gran flujo de turistas que vienen a contemplar esta maravilla natural. La primera supone un ingente obra de transformación de la naturaleza en beneficio del ser humano; la segunda, una inspiración portentosa para admirar la belleza de la Creación, para enriquecer nuestro espíritu con la contemplación de lo que nos supera. La misma criatura que es capaz de dominar un rio, extrayendo de su caída una energía que domestica, mira asombrado la caída de otro rio. Tanto la presa como como las cataratas suscitan un sentimiento de impresión trascendente. La obra de ingeniería tiene unas dimensiones tan colosales que uno se pregunta cómo es posible que un ser tan incapaz de sobrevivir por sí mismo pueda levantar muros de cientos de metros de alto, de kilómetros de longitud, desplazando millones de toneladas de rocas. He tenido la suerte de estar en la base de la presa, a más de 160 m por debajo del nivel del embalse, contemplar la estructura de hormigón armado, que más de 40.000 trabajadores tardaron casi 8 años en construir, para canalizar el inmenso flujo de agua hacia 20 turbinas que la convierten en energía. Pocas horas más tarde, contemplaba una sinfonía de agua cayendo de modo anárquico, en grandes y en pequeñas cataratas, formando un paisaje de singular belleza, ante el que solo cabe admirarse. ¿Qué buscamos los seres humanos en la naturaleza? ¿Solo servirnos de ella? ¿Sólo admirarla? ¿Tenemos derecho a transformar lo que sería fruto de admiración? ¿Podemos privar a quienes vengan tras nosotros de ese tesoro?

domingo, 7 de abril de 2013

Los niños que no se ven

Hoy se celebra en Madrid el día internacional de la vida. Una nueva oportunidad para reflexionar sobre los valores actuales en torno a la vida, desde su inicio, hasta su fin natural. Quiero en esta oportunidad hacer una referencia especial a los niños diferentes, a aquellos que no nacen con las mismas condiciones de salud física o mental. Todos sentimos un especial cariño por los niños, que son la imagen viva de la esperanza, plenos de alegría y vitalidad. Parece un contrasentido que haya niños que no muestren rostros de vitalidad, sino de dolor; casi nos resulta escandaloso que haya niños con condiciones físicas o mentales que consideramos fuera de la normalidad. Solo queremos infancias felices, donde todo es plenitud y alegría, y huimos ante lo que empañe esa imagen de la infancia que parece recogida de un anuncio publicitario. Por eso, nos resulta cada vez más llamativo ver niños diferentes, niños que experimentan el dolor, que sufren la enfermedad, la limitación mental. Una sociedad que se dice partidaria del débil, del discriminado, del marginado no quiere ver ni oir a los niños diferentes, y los elimina. En el drama terrible del aborto, no olvidemos que muchos de esos niños que no se ven eran niños con deficiencias. Sería espantoso que alguien pretendiera eliminar a los seres humanos discapacitados. Ha habido mostruos que lo han intentado, pero paradojicamente no denunciamos con toda rotundidad el aborto selectivo de aquellos niños que esta sociedad considera menos capacitados. Los textos que amparan legalmente este verdadero genocidio los definen como "niños con graves malformaciones". Con esta base legal, en España el 85% de los niños con síndrome de Down son abortados; en el Reino Unido casi el 95%. ¿Alguien dirá que la niña que figura en la portada del libro que acaba de publicar el Dr. Moreno Villares sobre estos temas tiene menos derecho a vivir que cualquier otro? Recomiendo su lectura: Niños Diferentes. Puedes encontrarlo en la página web de la editorial que estoy promoviendo: www.digitalreasons.es.
Termino felicitando a los padres de estos niños, por su inmenso amorque, les lleva a aceptar a estos niños, tal vez frente a un entorno que no es capaz de sentir el valor de la vulnerabilidad, de nuestra radical dependencia. Os dejo con el propio autor del libro, os explica en 3 minutos su motivación para escribirlo: